Enrique Tierra Adentro

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Soy un lector viandante. Me gusta leer mientras camino. He intentado leer también en la caminadora pero no logro concentrarme. Sólo cuando ando en la calle. Me he dado varios golpes con ramas, arbustos y postes. Y aún así lo vuelvo a hacer. Sí me preocupa tener un grave accidente pero no puedo evitarlo. Te sorprendería saber que no soy el único que lo ha hecho. Tengo ya una lista y un anecdotario de escritores que gustaban de leer caminando.

Así se definía Enrique Romo. Era un ávido lector. Decía que sus lecturas eran muy desordenadas. Nada más lejos de la verdad. Ubicaba autores por nacionalidad y entonces comenzaba por los clásicos hasta llegar a los contemporáneos. Sus lecturas incluían asimismo ensayos y estudios críticos sobre los escritores que leía. Y así leyó la mayor parte de la literatura de Europa y América. Mencionaba que, antes de cumplir los 30 años, en un encuentro literario, el crítico literario Christopher Domínguez Michael le había compartido una lista de varias decenas de obras literarias que todos debiéramos leer. “Sí, ya rebasé esa lista. Aunque creo que si Christopher la viera, la modificaría.”

Su pasión, en ese sentido, fue tanta que fue en el campo de la promoción literaria donde más arraigo encontró. Ingresó a la Facultada de Filosofía y Letras de la UNAM con la intención de estudiar la licenciatura de Literatura dramática y teatro. Pero por cuestiones personales abandonó la carrera y se dedicó a trabajar.

Su labor profesional estuvo siempre ligada a cuestiones literarias. Ora como corrector de estilo, ora como redactor, ora como editor. Lo mismo en pequeñas editoriales, cuando empezaba, que al frente de uno de los programas de promoción cultural mas generosos que ha dado el estado Mexicano: Tierra Adentro.

Si bien comienza en la labor editorial en 1978, dentro de una pequeña editorial, años más tarde se vincula a la Dirección de Servicios Culturales del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Una dirección encabezada por el incansable promotor cultural Víctor Sandoval y en la que se daba atención a todos los estados del país en materia de gestión cultural. Don Víctor Sandoval encabezaba un grupo de jóvenes entusiastas, de entre 20 y 29 años, entre los que se encontraban Eduardo Langagne, Jaime Vázquez y Saúl Juárez, entre otros. En esta época Enrique se desempeñó como subjefe del Departamento de Promoción Literaria. Desde ese mismo año se encargó de la edición de la revista Tierra Adentro, una publicación que había tenido su origen 8 años atrás. Enrique siempre dijo con orgullo que desde que comenzó su vida laboral estuvo de una u otra forma ligado a Tierra Adentro. Fue en este periodo donde se empapó de los conocimientos necesarios para la promoción cultural. Don Víctor Sandoval realizaba reuniones nacionales en las que convocaba a los encargados de la cultura a nivel nacional, así como a los directivos de las Casas de Cultura de todo el país. Desde luego que gran cantidad de actividades se realizaban directamente con jóvenes veinteañeros. Durante cuatro años aprendió, y vaya de qué forma, los gajes de la promoción cultural. en esta misma época incursionó en la televisión: fue el primer Rolando Ando. En el programa A capa y espada transmitido por el Instituto Mexicano de la Televisión, Imevisión, viajaba por toda la república mostrando las características culturales de cada ciudad o pueblo que visitaba.

Las oficinas de la Dirección de Servicios Culturales se encontraban en la calle de Dinamarca 43, en la colonia Juárez, en la Ciudad de México. Ya para 1987,  Enrique asumió la jefatura del Departamento de Promoción Literatura. Dio rienda suelta entonces a todas sus inquietudes. Su carácter entusiasta y su vocación de servicio público le ayudaron permitieron dar un fuerte impulso a los programas que se hacían: coordinó premios, talleres, encuentros literarios y, desde luego, la última etapa de la revista Tierra Adentro en el INBAL. Parecía poca cosa. Pero su apoyo iba, por ejemplo, de la gestión de varios premios literarios locales, hasta uno de los de mayor envergadura en el país: el ya robusto y prestigiado Premio de Poesía Aguascalientes, que se realizaba desde luego con la Dirección de Literatura del INBAL y con el estado de Aguascalientes. De igual manera dio continuidad a la serie de talleres literarios que se ofrecían por el interior del país. Organizaba junto los gobiernos locales y otras instancias como la UNAM una serie de encuentros literarios a lo largo del país. Existía el encuentro de narradores orales, de cuentistas, de traductores, de ensayistas, de investigadores de cuentos. Estos de carácter nacional. Pero también los internacionales. Se encargó también de apoyar el ya longevo y tradicional Encuentro Internacional de Poetas del Mundo Latino, así como el extinto Encuentro Internacional de Narradores, que se hacía en Michoacán. Todo este trabajo incluyó también la dirección editorial de la revista Tierra Adentro. De este periodo él destacaba dos número en especial el[EL1]  , así como el[EL2]  . Los últimos números que realiza la Dirección de Servicios Culturales, antes de que Tierra Adentro se asumiera como un programa cultural y Jorge Ruiz Dueñas quedara al frente.

La gran consigna de Víctor Sandoval fue que el trabajo de promotor cultural es para servir a los demás, pero sobre todo para hacer amigos. Enrique Romo siguió al pie de la letra esta consigna y de se hizo de un gran número de amigos. Jóvenes escritores todos nacidos en la década de los sesenta, compartían la misma pasión por las letras que él. La conexión con toda esa generación fue muy estrecha.

A la salida de Enrique Romo del INBAL, en 1989, itineró en diversos trabajos: fue director de la Casa de Cultura Quinta Colorada, de la delegación Miguel Hidalgo; director de Servicios Culturales y Recreativos en la delegación Milpa Alta, y Director de la Casa Museo David Alfaro Siqueiros. Durante este último periodo se hizo de una columna en el periódico El Día y semanalmente hacía crítica de arte, así como de reseña de exposiciones que se presentaban en diversos museos del país. Todos sus conocimientos de artes plásticas los había adquirido también durante su paso por la Dirección de Servicios Culturales. En Dinamarca 43 se encontraba además la galería Tierra Adentro, y durante las bienales de arte joven que se realizaba en Aguascalientes, había conocido un sin fin de creadores.

Aunque desde 1987 ya había comenzado a trabajar como guionista en Radio Educación, regresa en 1992 para encargarse, al lado de la productora y promotora Lidia Camacho, de la serie radiofónica de Tierra Adentro. Un programa que servía de promoción a la revista, que duraba una hora y que se transmitía una vez a la semana.

El Conaculta había creado la Coordinación Nacional de Descentralización, en la que se veía el apoyo en todos los sentidos a los estados de la República. Para su mejor funcionamiento había dividido al país en diversas regiones. Enrique Romo comenzó a trabajar en Conaculta como Subdirector de Frontera Norte de esta Coordinación. De ahí pasó a la Dirección de Proyectos Especiales y más tarde a la Dirección de la Zona Sur, en la ya para entonces Coordinación Nacional de Desarrollo Cultural Regional. Su trabajo aquí fue igual de entusiasta como en su ingreso al INBAL, pero dirigido a diversas áreas, que iban no sólo en la coordinación de actividades sino también en el apoyo que los estados recibían directamente. Durante este periodo Enrique Romo estuvo relacionado con la revista Tierra Adentro, ya que fungía como parte del comité editorial.

El recuerdo en general de Enrique Romo fue siempre de alguien que desbordaba humor y alegría. Lo mismo hacía bromas sobre terceros y situaciones que de él mismo. Solía ser directo y en ocasiones hacía comentarios hilarantes pero negros. Solía salir con lo demás compañeros de la oficina y conversar con todo mundo: secretarías, mensajeros, choferes, policías, etcétera. Decía que él era un hombre de la tropa y que por tanto debía comportarse como tal. Además estaba siempre abierto a las opiniones de los demás. Desde luego que tenía definido lo qué quería y cómo lo quería. Pero si se topaba con opiniones distintas a las suyas, las escuchaba y tomaba en cuenta. Y así fue como comenzó su labor al frente del Programa Cultural Tierra Adentro. A principios de enero 2001 tomó posesión. Decidió renovar el diseño editorial de los libros y la revista y otorgó mayor peso a la obra plástica, desde luego de jóvenes creadores, para que se ilustraran los libros y la revista. El poeta colimense Víctor Manuel Cárdenas fue nombrado director de la revista Tierra Adentro y, a manera de las orquestas sinfónicas, crearon la figura de director huésped para que un especialista se encargara de coordinar un número temático de la revista. En la parte de premios, no sólo vigorizó el Premio de Poesía Joven Elías Nandino, sino que, en conjunto con diversos estados, creo el de Ensayo Joven José Vasconcelos, en Oaxaca; el de Cuento Julio Torri, en Coahuila; el de dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo, con el Centro Cultural Helénico, en la ciudad de México, el Premio de Poesía Joven Nezahualcóyotl, para lenguas originarias, con el estado de México, y el Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras / BorderofWords, con el Centro Cultural Tijuana, en Baja California. Para el programa de radio contó con el apoyo de la productora Pita Cortés y el programa se convirtió en una suerte de noticiero cultural de los estados. Desde los mismos estados se enviaba la colabora vía correo electrónico en mp3, y se producía para transmitirse de lunes a viernes en Radio Educación, y retransmitirse a todo el país por las estaciones de la Red Nacional de Radio y Televisión.

Enrique Romo publicaba en aquel entonces alrededor de 25 libros por año. Estas ediciones incluían los libros ganadores de los premios. Reunió además en tres memorables antologías, a un grosor significativo de escritores de todo el país: El manantial latente. Muestra de poesía desde el ahora: 1986 – 2002, coordinado por Ernesto Lumbreras y Hernán Bravo Varela; Novísimos cuentos de la República Mexicana, antologado y prologado por Mayra Inzunza, y El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI, a cargo de Verónica Murguía y Geney Beltrán Félix.

Retomó la idea de los encuentros que realizaba en la Dirección de Servicios Culturales y a partir de 2001 llevó a cabo año con año el Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro, en Ciudad Juárez, Chihuahua. A este se le sumaron los encuentros de poetas, narradores y ensayistas, en distintas sedes.

Sin embargo, más allá de los logros como promotor cultural, vuelve a dejar una fuerte impronta con el gremio de los escritores por la amistad que forja con cada uno de los escritores que se acercaban al Programa Cultural Tierra Adentro. Y de igual manera con quienes estaban en desacuerdo con él. Lo que le vale el respaldo de la comunidad de escritores por completo. Baste recordar el capítulo en que, tras una rueda de prensa en la que anuncia una serie de actividades para celebrar los 30 años de la revista Tierra Adentro, un periódico publica una severa nota criticando su gestión. El reportero lo mismo había entrevistado a diversos escritores jóvenes que dieron apoyo total a Enrique Romo.

La labor que realizó con jóvenes escritores de diversas generaciones ha quedado registrado en la carrera de cada uno de ellos, y son la muestre fehaciente de su trabajo como gestor cultural. No habrá otra forma de recordar a Enrique sino como amigo y gran promotor.


 [EL1] pierdo la referencia por no tenerla a la mano pero se trata del número dedicado a Ramón López Velarde, en el centenario de su fallecimiento

 [EL2]de igual forma como este. Es un número que en la portada trae a Francisco Tario y a Julio Torri paseando en bicicleta.

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Un Comentario on “Enrique Tierra Adentro”

  1. No se debe olvidar, que fue precisamente Enrique Romo quien puso a la altura de la poesía y la narrativa en México la edición y discusión de dramaturgia contemporánea. Sería irresponsable e ingrato obviar el papel fundamental que jugó la gestión de Romo como editor y promotor para estabilizar la olvidada y desprestigiada dramaturgia nacional en el cuerpo de las letras mexicanas. Muchos jóvenes autores – me incluyo – pudimos acceder a la letra impresa gracias a su empeño. No distinguía géneros, le interesaba la calidad y el debate de ideas dentro de una literatura verdaderamente nacional. Agregaría, además, que se podía hablar de futbol con él; lo cual siempre es un placer. El teatro joven en México le debe mucho al maestro Romo.


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